La Guí@ Rural
Revista electrónica de Guiarural.com


Nº 20 - Junio 2006

POR ALTEA Y LA VILA

Antes de nada, me gustaría felicitaros por la idea tan buena que habéis tenido, eso de ponerle los dientes largos al personal.....despertar ese gusanillo de viajar y descubrir sensaciones nuevas en sitios tan al alcance de nuestra mano.
El mini puente pasado aprovechamos mi compañera de piso y yo para visitar a nuestra ex-compañera de la carrera que vive en Altea. Es un pueblecito muy acogedor que está a media hora de Alicante, con esos estrechos callejones árabes y todas sus casitas blancas descansando bajo esa cúpula azul eléctrica que parece que las protega.
Aunque es muy visitado y hay muchísimos extranjeros, no pierde su personalidad y sigue guardando rincones escondidos fuera del circuito más turístico. Uno de los más originales es el "Antic", (bueno o algo así), que está en la carretera que va de Benidorm a Altea (pasando todas las discotecas). Hace siglos, era una especie de iglesia-monasterio medio oculta y ahora, respetando por completo su arquitectura, la han transformado en cafetería-pub nocturno que no cierra hasta la madrugada. La verdad es que aunque al principio impresiona un poco al entrar pasado un rato llega a ser incluso acogedor... Ese olor a iglesia, esa decoración gargolesca de piedra, esos retratos llenos de vírgenes... Desde luego te transporta, todo dividido en habitaciones muy pequeñas dando una sensación más íntima y personal.
Otro día nos acercamos a Villajoyosa (La Vila Joiosa, o sea la Villa Alegre) y su nombre es bien descriptivo. Yo no conocía el pueblo antiguo con sus casitas de colores, que parecen casitas para muñecas con un aire a las colgantes de Cuenca. Pregunté el porqué de esos colores tan vivos, casas alargadas y pegadas entre sí de dos y tres alturas... Los pescadores pintaban sus barcas del mismo color que sus casas para así poder reconocerlas desde lejos, cosa muy útil también para las mujeres ya que desde sus altos balcones podían calcular el tiempo de llegada de sus maridos, (para la hora de la comida, etc...). Al ser un pueblo de pesca y de la Comunidad Valenciana uno de sus platos más exquisitos como era de esperar es la paella de marisco, así que tomamos una magnífica en un restaurante del puerto. La playa estaba muy cuidada y era de arena, y, a pesar de ser Mayo, había ya muchos bañistas. Por la noche despúes de tomarnos una especie de licor de café con coca-cola típico de la zona nos fuimos a la chocolatería Valor, a degustar el excelente chocolate que producen allí y exportan a medio mundo.
Por lo que resumiendo, solo me queda por decir que entre las fotos, la compañia y sus tradiciones fue un fin de semana no apto para diabéticos.

María Sella. Segovia


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