La Guí@ Rural
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Nº 24 - Noviembre 2006

REGRESO A LA SIBERIA EXTREMEÑA, PARA LOS AMANTES DE LA NATURALEZA Y LAS TRADICIONES (Mª Ángeles Yuste. Barcelona)






Es raro el año que por estas fechas no vuelvo a mis orígenes extremeños de Villarta de los Montes, en la Siberia, llamada así por su aislamiento geográfico y no por su clima, como en un primer momento se pueda pensar. Allí el otoño y principios de invierno es una época muy activa: se está empezando la recolección de la aceituna, y en los 20 próximos días se celebran el 90% de las matanzas familiares tradicionales, que aunque no tienen el encanto de antaño, sí mantienen el sabor de las recetas tradicionales, bien surtidas por la abundante pesca, caza y cría de ganado, en reuniones de familia y amigos entrañables y ruidosas. Aquí nos saltamos la dieta y damos rienda suelta al salmorejo de peces asados a la brasa o guisados con cebolla y vinagre, el pestorejo en adobo, el trabao con pringue y torreznos y el tasajo. Con la miel que se produce en la zona se fabrican la candelilla, canelones y canutos.

Y para los estómagos valientes que gusten de lo auténtico, no puede faltar nunca el cocido con relleno.

La semana del puente, el pueblo es un hervidero de gente joven y menos joven llegada de todo el país a disfrutar de unos días en familia, y otros muchos a participar de las monterías de caza mayor, que se celebran el sábado día 3.

El campo, nuestra materia prima por excelencia, tiene en esta época una belleza exuberante, con rincones de ensueño, donde los colores imponen sus contrastes, desde el verde de los olivos, de las encinas, las jaras, a los frutos rojos de los madroños, las semillas blancas entre las hojas, el amarillo de los álamos o el ocre de los castaños, que dan al paisaje una estampa de película, e invitan a perderse entre los pinos y a contemplar estos rincones donde el agua y los pájaros son la compañía más numerosa.

Los rebaños de ovejas merinas pastando en las tierras comunales y la dehesa, en ambos márgenes del río Guadiana, en plena paridera de invierno, hacen que se mezclen los balidos de las ovejas y las respuestas de los corderillos, y entre todos los rebaños las tardes que sopla el viento suenan como una orquesta desafinada pero armoniosa y relajante. De hecho, por el Puente medieval de la Mesta o Puente Viejo (que fue construido en 1451), circulaba el mayor número de ganados de toda España, ya que constituía la puerta principal de entrada a los pastos de invierno de Extremadura, para las ovejas de Castilla y León.

Y si el visitante prefiere la naturaleza en estado más salvaje hay lugares en la reserva regional de Cíjara donde los ciervos, gamos, corzos, zorros y jabalíes, son los habitantes principales y más numerosos, siendo raro que en cualquier paseo por estos caminos no te cruces con alguno de ellos.

Pero, además, se puede pescar, escalar, pasear a caballo, en bici, en burro, en 4x4, hacer senderismo, o bailar en las dos discotecas del pueblo.

Para el cuidado del alma, hay que ir a la ermita de la virgen de la Antigua (Del s. XIV-XV), visible desde todos los rincones menos desde el pueblo. Cuando sales de entre aquellas rocas y aquel agua, fría, como de nevera en pleno mes de agosto, sales nuevo, y si te pierdes con un buen libro, por cualquier camino más o menos alejado del pueblo, por la carretera de los castaños, o por la del pantano, hasta el río, la paz te envuelve y te eleva tan alto como tu espíritu sea capaz y necesite.


Cortesía de El Balcón de los Montes


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