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Como todas las cosas decisivas de la vida, ocurrió por casualidad. Viendo fotos de la restauración de una casa en Galicia, alguien dijo: Pues venden esa que se ve al fondo...
Ahora esa casa, hecha de piedra y madera de castaño o roble, rodeada de bosques y prados, en el extremo de una aldea de nueve casas con pajares y hórreos, ya es nuestra.
Todo el centro de Galicia está salpicado de este tipo de aldeas, unidas por una red de estrechas carreteras donde apenas caben dos coches cruzándose. Y hay que ir despacio, no por la cosa de la conducción, sino porque es tanta la belleza de esta zona que hay que ir mirando y empapándose de serenidad. Nunca se ve lo mismo aunque sea el mismo lugar: con sol, con lluvia, con niebla, y con la combinación de todo sucediéndose a toda velocidad, pues el Atlántico nunca cesa de enviar variedad.
Recorriendo estas tierras de Ulloa, Melide, Maceda,... centro geográfico de Galicia, en busca de materiales, muebles y objetos con los que completar nuestra casa, y antes de que pudiéramos habitarla, tuvimos la suerte de encontrar lugares donde disfrutar comiendo y descansando.
Las casas rurales de esta zona tienen muchas cosas en común, como los muros gruesos de piedra o las vigas y troncos de castaño, sin embargo es increíble cómo la impronta de sus dueños hace que cada una dé lugar a un mundo diferente, tanto en el tipo de restauración como en el trato a los que llegamos a sus puertas. Yo personalmente recomiendo las siguientes:
Parada das Bestas: muy agradable, com una riquísima cocina, un jardín encantador y unos alrededores de cuento.
La Rectoral: con una restauración muy acertada, moderna en el mejor sentido, sin perder por ello la calidez.
El Lugar de Mercedes: con un toque elegante, y situada en la parte alta de una pradera preciosa.
Pazo Mariñao: lindando con iglesia cruceiro y cementerio, y con partida de cartas de los lugareños incluida, al caer la tarde.
Aunque es lo típico, a quien vaya por allí yo le recomendaría no perderse una buena ración de pulpo con patatas aderezado con un vinito de la casa en cualquiera de las pulperías que encuentre al paso, y también que aprovechara la oportunidad de paladear el maravilloso queso Arzúa-Ulloa con pan de Antas. (A mí se me hace la boca agua sólo de escribirlo).
Otro consejo es que se den una vuelta por los mercadillos de feria de los pueblos, y ya puestos que vayan a visitar la mesa de granito gigante en la que caben más de 200 personas, en Lalín (Pontevedra), diseñada por un arquitecto estupendo que se llama César Portela...
¡... Y tantas otras cosas...!
En fin, que esta tierra de meigas es una tierra bendita.
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