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Es interesante viajar a final de temporada, y saborear los restos del verano. Yo he vivido muchos años en España, pero llevaba bastante tiempo sin ir, así que una mañana llamé a una amiga española que vive en el Sur y organizamos un viaje de fin de semana por Gerona. Yo estaba muy ilusionado porque por fin tenía la oportunidad de ver las obras de Dalí, un pintor al que admiro mucho pero que sólo he podido ver en los libros.
Pues después de encontrarnos en el aeropuerto, recogimos el coche que teníamos alquilado y llegamos a San Pere Pescador la noche del viernes. Teníamos apetito y nos metimos en el primer local que vimos abierto, el Bar Placeta de la Muralla, muy cerca de la iglesia, y el primer reencuentro verdadero con esta tierra que tanto añoro fue encontrar a la gente comiendo una enorme paella de arroz negro a las once de la noche. Nosotros no nos atrevimos a tanto, pero sí que tomamos una agradable sopa de marisco y unos revueltos deliciosos. Con el cuerpo mejor entonado llegamos al camping de Las Palmeras, que había reservado ella al azar, y aunque yo me imaginaba durmiendo debajo de un pino, al final nos encontramos en una linda casita estilo mediterráneo, de tamaño diminuto, junto al parque natural de Aiguamolls de l`Empordá y a docientos metros de una playa de dunas. Lo primero que hicimos después de desayunar bajo el sol cálido y otoñal de la mañana fue visitar Cadaqués, que queda a 29 km, pero por una carretera de montaña tan bonita como vertiginosa. Llegar a Cadaqués fue una maravilla, porque era como yo lo había imaginado pero con luz de verdad. Al principio estuvimos paseando por el pueblo, por sus altas calles, con flores colgando de los balcones. Y al final de cada callejuela, entre dos muros blancos, un trozo de mar asomando al fondo. Desde la iglesia se obtiene una vista maravillosa que abarca toda la bahía, y en las terracitas del paseo marítimo se puede uno tomar una cerveza viendo el mar y la animación del pueblo. ¡Un verdadoro lujo otoñal para un inglés! Tristemente, el restaurante Anita (un lugar legendario en el que Dalí llevaba a sus amistades) estaba cerrado, pero el dueño que estaba allí comiendo con su familia nos indicó otro restaurante a la vuelta de la esquina llamado La Cala, no tan pintoresco pero barato y abarrotado de gente (siempre buena señal). Después de comer nos fuimos dando un largo paseo a Port Lligat. Pero cuando llegamos a la casa de Dalí, resultó que había que reservar previamente. Yo no sabía cuando tendría la oportunidad de volver, así que intentamos saltar por el olivar y nos metimos dentro. Al menos conseguimos ver un par de habitaciones antes de que una educada señorita nos separara del grupo de alemanes y nos echara discretamente. Dos salas fueron suficientes para comprobar que algún día tendría que volver a verla entera. Al volver recorrimos otra parte del pueblo (que nos recordó mucho al Albaicín de Granada), y de casualidad un cementerio precioso con vistas al mar y algunos nichos pintados con paisajes de la zona. Estaba atardeciendo cuando emprendimos el camino de vuelta, y fuimos directamente a cenar a Figueres y a tomar algo por allí, y aunque yo tenía anotados varios restaurantes de comida local con buena pinta (como L'Arquer, Amiel, o Ca l'Amic) se nos hizo muy tarde y nos metimos en el primero que vimos con tapas en el mostrador. También presenciamos accidentalmente un concierto heavy metal un poco surrealista que nos divirtió muchísimo. A la mañana siguiente tomamos un desayuno en el mismo bar de la primera noche, pero esta vez al sol de la terraza, y después salimos hacia Figueres otra vez para ver el Museo Dalí. Este museo en su origen fue un teatro de estilo italiano neoclásico construido en el siglo XIX, que se quemó y Dalí lo restauró. Tengo que reconocer que es el museo más loco y fascinante en el que he estado en mi vida, y el retrato-salón de Mae West, la obra más genial que se puede concebir. Visitar el antiguo matadero (un edificio modernista en la Plaza de l'Escorxador), también fue interesante. Yo quería echar una ojeada en el Museo del Juguete porque me parecía curioso, pero a mi amiga le entró el nervio porque tenía hambre y nos fuimos directos a El Port de la Selva. La verdad es que me sorprendió mucho aquel pueblo, quizás no tan bonito como Cadaqués, sin embargo mucho menos turístico y con más sabor local. A las cuatro de la tarde nos dieron un bocadillo de atún con tomate y mayonesa en la Terrassa Llevantina, viendo las montañas y el mar, y acto seguido subimos a ver el impresionante monasterio de San Pere de Rodes, del siglo X, construido en el monte más alto del Cap de Creus, y aunque tuvimos mala suerte porque estaba cerrado, nos quedamos hasta el atardecer comtemplando la espectacular panorámica, casi irreal. Nos hubiera gustado tener tiempo para hacer una excursión por el Parque, ya que hay muchas rutas tanto por la costa como por el interior, pero nos tuvimos que conformar con dar un paseo entre las rocas y pequeñas calas del otro lado del pueblo, e incluso un baño, que fue maravilloso hasta que a mí me picó una medusa. Se nos hizo de noche volviendo al coche, ahora sí que teníamos que llegar a Girona, porque al día siguiente yo salía muy temprano para Londres. La verdad es que ya estábamos cansados, así que pensamos en cenar cualquier cosa y volver al hotel, pero al final cualquier cosa se convirtió en la tasca más increíble de todo el viaje: El Museo del Vi!!! Que nadie se lo pierda!! Está en la calle Cort Reial, y es auténtico, barato, suficientemente espacioso, y la comida realmente sensacional. Recomendación personal: tostada de escalibada con queso de cabra y cordero asado con guarnición. Y la jarra de sangría de despedida, por supuesto. La escapada terminó con un largo paseo por las calles de piedra del casco antiguo, que me recordó que la alegre España mediterránea guarda en su interior otra cara más sobria y menos chispeante, pero llena de historia y absolutamente única. Siempre me da una tristeza especial cuando me voy de vuestro país, supongo que esto les pasa a todos lo extranjeros, por eso he querido recordar mi último viaje enviando este relato a vuestra revista, a ver si alguien se anima a completarlo, el viaje y el relato.
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