La Guí@ Rural
Revista electrónica de Guiarural.com

Nº 28 - Marzo 2007

LAS DELICIAS DEL BIERZO Mª. Rosa Casado (Barcelona)








Soy una gran amante de los rincones de nuestra tierra, y de las que piensan que es un pecado aventurarse a conocer tierras exóticas desconociendo la nuestra... Leo vuestra revista cada mes, de modo que aprovechando una escapada reciente, me he animado a contaros mi propio viaje.

Fuimos estas navidades con dos matrimonios más a pasar tres días por la comarca del Bierzo, ya que ellos habían realizado el camino de Santiago hacía no mucho tiempo y se habían quedado con las ganas de saborear aquellos parajes más relajadamente. Tan entusiastas eran sus palabras recreando aquellos parajes y tanta la insistencia que finalmente, un viernes con el frío de la mañana, salimos en dos coches hacia León dejando atrás la vorágine navideña del centro de Barcelona. Seis horas después estábamos en Ponferrada, y fuimos directamente a comer al Bodegón, lugar conocido por sus famosas patatas bravas, cuya salsa es un secreto por el que merece la pena hacer la larga cola. Sencillamente una delicia para el paladar. Tras el café y la animada conversación de sobremesa, fuimos dando un paseo a visitar el Castillo de los Templarios, que a todos impresionó por su solidez y esencia histórica que desprende cada uno de sus muros, y después fuimos a visitar la Basílica de la Encina, patrona del Bierzo. A unos 10 kilómetros de Ponferrada se encuentra Molinaseca, donde pasamos la noche, no sin antes hacer la obligada ronda de bodegas. Recuerdo especialmente las tapas y los cortos de vino del Mesón el Real, plagado de peregrinos incluso en pleno invierno. Pasamos la noche en aquel pueblo evocador de madera, piedra y pizarra, en el Hotel de Floriana, del que teníamos muy buenas referencias y que efectivamente nos resultó exquisito.

Con las energías recobradas y la buena fortuna del cielo azul, fuimos a visitar a la mañana siguiente el Parque de las Médulas. Desde el Mirador de Orellán se obtiene una espléndida panorámica, pero la visita se tornó especialmente mágica recorriendo las enormes cuevas horadadas por la actividad minera de los romanos en busca de oro. Después, de camino hacia Peñalba de Santiago, pudimos paladear toda la majestuosidad del Valle del Silencio, paisaje típico del Bierzo, espíritu leonés. Las calles franqueadas por antiguas casas de madera precedieron a una magnífica comida sin igual en el mismo Peñalba a base de botillo (una suerte de embutido típico de la zona) con cachelos (patata cocida), y por supuesto regada con el buen vino de la tierra. Visitamos rápidamente Villafranca del Bierzo y Cacabelos (cuna del vino berciano), desviándonos por una de sus salidas hacia el Palacio de Canedo, donde pasamos la última noche de nuestra breve escapada, embuidos por cada uno de los detalles de aquel maravilloso lugar rodeados de viñedos de los que procede el vino con el que regamos la velada.

Una mención especial al lacón con pimientos y cómo no, a la deliciosa tarta de castañas. A decir verdad, siempre es duro regresar de un viaje en el que todo ha salido a pedir de boca (como puede verse, nunca mejor dicho), pero merece la pena almacenar en la memoria otro álbum de hermosos recuerdos con el que poder recrearse hasta mucho después.


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